Piedad Cámara Santiago

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  • Agradecida

Mi historia…

Mi nombre es Piedad Cámara Santiago.

 

Desde pequeña tuve muchas inquietudes. Inquietudes que en muchos momentos no encontraban respuestas. Yo creía en las personas, en la colaboración entre todos y no entendía que aspectos como  la clase social, la tendencia sexual, el aspecto físico pudieran crear separación, incluso entre familias. Creo que hablaba del Amor sin casi saber qué era. Fui creciendo y esas inquietudes no desaparecieron aunque yo me fui difuminando entre la multitud y también entre mis emociones.

 

Durante mucho tiempo me fui relacionando como pude, a veces sin saber gestionar lo que ocurría en mi vida, evitando enfrentarme a las situaciones, manteniéndome en un papel pasivo, de víctima. En definitiva, no haciéndome cargo ni responsabilizándome de Mí, de mi Vida.

Aunque la semilla que había en mi corazón continuaba latiendo, en todo ese trayecto, mi propósito seguía siendo estar cerca de las personas que necesitasen ayuda, colaboraba con ONG, ancianos, personas con diversidad funcional, drogadicción, haciéndolo desde un profundo respeto. Hoy, después de tantos años continuo con esa labor.

 

Un día todo cambió. Como algo mágico y muy deseado, encontré un espacio, “Brahma Kumaris”, donde hablaban de meditación y espiritualidad. Salí de esa clase con una gran liberación en mi corazón. Mi alma se había desprendido de la culpa y el perdón, desde entonces, se instauró en mi vida. Ahí comenzó mi verdadero camino.

Comencé con la meditación diaria. Mi trabajo personal fue intenso y muy enriquecedor aunque, en ocasiones fue también bastante duro.  El camino del autoconocimiento a veces tiene momentos de soledad, algo  por otra parte, imprescindible y necesario.

 

Comencé mi formación como terapeuta de diferentes técnicas, energéticas, manuales y fui fascinándome con todo el mundo Holístico, el trabajar con la integridad de lo que ocurre tanto en el cuerpo, la mente, las emociones y en el espíritu, es un verdadero regalo.

 

Gracias a los conocimientos que iba obteniendo, junto con mi propio trabajo personal, unidos al maravilloso mundo de la meditación, descubrí la verdad que habita en Mí y por ende en los demás: “el dolor que se siente en nuestro interior es por una gran falta de amor, sea real o no”.

Después y como un gran regalo, me ofrecieron dar clases en un centro de mujeres.

El título del primer taller era Autoestima y Perdón” asistieron 17 mujeres. Era mi primera intervención en público. Yo, siempre había sido muy vergonzosa/insegura. ¡Hablar en público! ¿Cómo podría yo hacer eso, con las carencias e inseguridades que había tenido durante toda mi vida? Pues me armé de valor y allí me planté para compartir.

 

Y aquí estoy, empeñada en cambiar el mundo desde el poder de la autoestima, el autoconocimiento, el amor, la meditación y todo aquello que nos dé la oportunidad de ofrecer lo mejor de nuestro corazón. ¡Es mi pasión!

Puedo asegurar que cuando imparto cualquier encuentro, clase o terapia individual, lo hago con mucha humildad y con mucha presencia, porque aprendo de cada persona con la que me encuentro: de sus experiencias, dificultades, de sus miedos… me sirve para verme y continuar trabajando por mejorar cada día más.

 

Sé que este camino donde empezó fue el principio y que nunca acabará; todos los días descubro algo nuevo de mí.

Por todo esto y mucho más, creo que mi propósito de vida es el camino del acompañamiento.

El poder descubrir nuestras luces y nuestras sombras y abrazarlas con amor, humildad, confianza, sin miedos es un verdadero regalo para nuestra alma.

Empieza el camino que ayer, al llegar la noche, tuve en mis sueños; el camino hacia la felicidad.

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